Mejores pensiones y el abandono de las convicciones

‘…es impresentable que parlamentarios que hoy son candidatos presidenciales, Gabriel Boric y Yasna Provoste, legislen y hagan campaña sobre este tipo de materias, pensando tan evidentemente en sus objetivos políticos de corto plazo, escondidos al fondo y a la izquierda detrás de sus bancadas…’. Nuestra principal preocupación es mejorar las pensiones y hacerlo de manera responsable. Hemos puesto todos nuestros esfuerzos en convocar —desde siempre— al resto de los candidatos a esta discusión, y también hemos visto con tristeza cómo nadie responde. Al contrario, en estos días pudimos comprobar la persistencia de que la ansiedad electoral les gane a la razón de Estado y al bienestar de Chile. Ese es el pecado del diputado Boric y del resto de los candidatos de izquierda: cambiaron de posición por oportunismo y no por convicción. Y es el pecado que podemos cometer si no entendemos el valor de construir mayorías democráticas, que hace cambios pensando en el bienestar de los chilenos y no basados en las redes sociales y en las encuestas. A nuestra política se la puede devorar el populismo.

Duele ver que los mismos parlamentarios que pedían un IFE universal para terminar con este tipo de malas ideas —y que fue comprometido— rompieron su palabra. No son confiables los proyectos que piensan en votos y no en personas. Especialmente en un momento en que todos los técnicos y analistas, de forma transversal, alertaron por todos los medios y de todas las formas posibles respecto del efecto pernicioso en lo macro y en la economía cotidiana. El impacto de una mala política pública llega hasta el comedor de los chilenos. Lamentablemente, solo algunos privilegiaron la responsabilidad —tan escasa en estas horas— por sobre la propaganda electoral basada en los recursos de las propias personas. ¿Quedó alguna duda?

Es impresentable, además, que parlamentarios que hoy son candidatos presidenciales, Gabriel Boric y Yasna Provoste, legislen y hagan campaña sobre este tipo de materias, pensando tan evidentemente en sus objetivos políticos de corto plazo, escondidos al fondo y a la izquierda detrás de sus bancadas. Es tan explícito que ni siquiera hicieron un esfuerzo en alinear a sus partidos detrás de indicaciones que ellos mismos presentan, pero que saben que no tienen destino. Tampoco explican —o no saben explicar— a sus electores el daño que producen en la vida diaria.

El impacto en la inflación, término que parece incomodar a la izquierda porque no sabe explicarla, es simple: a más inflación, las personas ven disminuido su poder adquisitivo. Y en un país que tendrá a cinco millones sin nada que retirar, se genera el sinsentido de que quienes menos tienen deberán enfrentarse a un alza de precios sin esos recursos extras que les fueron prometidos. Solo por poner un ejemplo: las estimaciones señalan que el impulso de un cuarto retiro movería las proyecciones de inflación desde un 4,5% a un 5,7%. Con la variación de la inflación desde enero a la fecha, una familia con un dividendo de 12 UF pasa automáticamente a pagar $14 mil más. El impacto en la economía familiar es gigante, y paradójicamente son los temas que quienes impulsan los retiros no hablan. Quienes aspiramos a enfrentar esta ola populista quizá no hemos sido capaces de transmitir con suficiente fuerza todo el daño que puede provocar.

Cuando hablamos de políticas públicas como esta, el 1 a 1 no sirve. Las voces que claman que el que quiere lo retira y el que no quiere no, no entienden cómo funciona el sistema. O entienden, pero no quieren que el resto comprenda. Es como la vacuna: o nos vacunamos todos o no lograremos la inmunidad. En el caso de los fondos es lo mismo. Desde el momento en que se aprueba el retiro empiezan los efectos económicos: caen los fondos de las personas, tanto de las que retiran como de las que no retiran, y la incertidumbre hace que se resientan los mercados y la credibilidad del sistema. Un sistema que tenemos que mejorar —insistiré en un acuerdo las veces que sea suficiente—, pero cuya destrucción dañará irreparablemente nuestro futuro.

Entonces, la discusión ya no es de buen o mal retiro; es entre populismo y democracia, entre una reforma de pensiones que beneficie a las personas o una borrachera de leyes sin sentido en vísperas de una elección. Proponemos terminar con el monopolio de las AFP, abrir el sistema a distintos actores, aumentar la cotización en una cuenta personal que además tenga causales para que se pueda retirar un porcentaje. Discutamos primero cómo llenamos las pensiones y después pensamos en qué casos sacarlas.

Publicado por El Mercurio. 30/09/21.

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