Sebastián Sichel: “Nosotros REPRESENTAMOS CAMBIOS EN LIBERTAD, sin violencia y en orden”

El candidato presidencial de Chile Vamos, además, dice que Yasna Provoste representa ‘a un viejo estatismo y una sociedad en conflicto’. Agrega que ‘hace tiempo que la clase media vota libre por lo que cree mejor’, defiende su gestión en el ministerio de Desarrollo Social y desdramatiza las tensiones con el resto del pacto.

Por M. Soledad Vial.
Solo han pasado 48 horas. Y de la euforia amarilla que colapsó el estrecho acceso y las escaleras se respira nuevo aire en el antiguo departamento de El Bosque, que cumple las funciones de comando. Como abanderado oficial de Chile Vamos, en su estilo informal y acelerado, Sebastián Sichel enfrenta lo que se viene en su campaña por llegar a La Moneda. Recuerda que el domingo almorzó donde su cuñado, en familia, y después se tiró en el pasto a mirar el cielo. ¿Qué pensó? No lo dice, solo que fue su mujer, quien lo sacó del sueño para avisarle que ganaba en las primeras mesas, en Magallanes, desde donde Gabriel Boric también se impuso —con un millón de votos— como su contendor en esta elección presidencial. El cómputo oficial afirmó esa sensación de triunfo. ‘Muy rápido’, recuerda, recibió el llamado de Javier Macaya de la UDI y después Joaquín, como le dice al exalcalde UDI que perdió la primaria tras meses en el tope de las encuestas. ‘Tengo una gran admiración por Joaquín (Lavín), fue de los primeros en entender que la política se trata de las personas, lo ningunearon, y fue clave en el cambio de la política en Chile’, explica. Habían hablado la tarde antes, para desearse suerte, mutuamente. —Con Briones y Desbordes hubo tensiones, ¿cómo fue ese primer frente a frente? ‘No dramatizo las diferencias, son naturales en una campaña, no hubo daños personales. Quiero incorporar sus experiencias y conocimientos. Tenemos un propósito común: darle gobernanza a Chile’. En esta misma oficina, donde destacan un retrato de Frei Montalva, que estuvo en casa de su abuelo, y otro de Patricio Aylwin —’me lo trajo la Mariana’, dice de la exDC que es su amiga cercana—, los cuatro exadversarios compartieron café y ‘alguna copa de champaña’, y bromearon con las salidas al balcón, que se hizo estrecho el domingo pasado. También lo acompañaron su mujer y sus tres hijos. Un núcleo fuerte que le costó construir y que completan su hermana Banga —vive en España— y su mamá, que vivió este triunfo a distancia. ‘Mi mamá está orgullosa, feliz, asustada…’, responde despacio, ‘de que yo pierda esto, que ella no pudo conseguir’. Se refiere a los 14 años que llevan juntos con su esposa, la periodista Bárbara Encina, quien ha hecho su camino profesional independiente. ‘Respetar nuestros propios proyectos de vida ha sido clave y estoy muy orgulloso’, dice, a horas de partir fuera de Santiago, para descansar antes de retomar la campaña. En su plan está potenciar sus 22 comisiones programáticas, los 12.000 voluntarios que trabajaron en la primaria, ‘con gente que tenga experiencia vital y profesional distinta, no solo académica’. Una clave de lo que sería su gobierno —recalca, varias veces—, ‘diverso, un gabinete lleno de gente que pueda contar sus historias, distintas de la élite, pero con un proyecto común de centro y centroderecha’. —¿Cómo desmontará ideas sobre usted, como que es el continuador de Piñera, candidato de los empresarios y que no es de derecha? —Nunca me he hecho cargo, son absurdos. A los chilenos les importa cómo la política les mejora su vida y la política sigue hablando de sí misma; quién te apoya, con quién estás… Mitos instalados, ¿por quién y dónde? Analistas que no me dieron ninguna posibilidad ahora escriben que era obvio que ganaría. —Esos ‘mitos’, ¿no dañan sus posibilidades? —En Chile hay una demanda muy fuerte por renovar la clase política. No soy de la élite, soy una persona de centro que quiere armar una coalición amplia del centro a la centroderecha que dé gobernabilidad a Chile. Las personas discuten si Boric o yo podemos administrar mejor el país, terminar sus incertidumbres cotidianas, hacer cambios, parar la violencia. Son las conversaciones que debemos tener. No creo en la política identitaria, que solo te apoyen los que piensan como tú. Mejor formar un centro de estudios… —¿Da por perdida a la derecha de José Antonio Kast? Su 7,9% en 2017 hoy podría dejarlo fuera de segunda vuelta. —No comparto esos cálculos, otra vez la izquierda instala su tesis. La centroderecha con el centro político son mayoría en Chile, ¿por qué no vamos a pasar a segunda vuelta? Proyectos identitarios como el de José Antonio Kast pueden ser valiosos y corajudos para defender sus propias ideas, pero no son mayoría en Chile. —¿No es imprescindible para la mayoría parlamentaria, para la gobernabilidad del próximo gobierno? —He dado una pelea para ser parte de una coalición mayoritaria. Tenemos que ser nítidos en los mensajes, no podemos tener lista parlamentaria conjunta con una candidatura que prefiere ir sola. José Antonio Kast decidió no participar en primarias colectivas. Este gobierno debe aspirar a tener mayoría parlamentaria, y para eso es necesario oxigenar el sistema. Si crecemos al centro, al mundo independiente, esta coalición puede ser mayoritaria, y eso requiere búsquedas activas. Las listas parlamentarias deben hacerlas los partidos, quiero agregar nombres nuevos que den frescura a esta coalición, pero no soy un partido más en una negociación. —¿Cuánto perjudica a su coalición de centro la irrupción de Yasna Provoste? —Hay una obsesión de ciertos analistas por creer que los votos son de los partidos y no de las personas. Es raro que no lo entendamos: todos al votar buscamos lo mejor para nuestras vidas, no un partido determinado. —¿Por qué un votante de centro preferiría a un exDC y no a una senadora DC como Provoste? —En algún momento, la DC representó la justicia social en libertad. Pero algunos DC abandonaron ese mundo y defienden ideas que no representan a los chilenos: un viejo estatismo y una sociedad en conflicto. Eso encarna Yasna y compite con la izquierda. Hace tiempo que esa clase media vota libre por lo que cree mejor para su vida. Algunos de ellos ya votaron por nosotros. Nuestro desafío es encarnar ese Chile y esos anhelos, y que muchos más voten por nosotros. —Y Gabriel Boric, que le sacó 400.000 votos en la primaria, ¿cómo lo enfrentará? —Las primarias son muy distintas a la elección presidencial, son definiciones intracoalición. Tuvimos un éxito colectivo en CHV, la tremenda y esperanzadora votación demuestra que la alianza del centro con la centroderecha es competitiva y puede gobernar, porque interpreta a los chilenos
 ‘El peor error es bailar en los paradigmas culturales de una izquierda que promueve verdades absolutas’.
—¿Cómo dará mística para ganar a un sector golpeado por el estallido, derrotas electorales, gobierno impopular? —Cuidado con esa tragedia griega. Hace 4 años el Presidente Piñera sacó el 54% de los votos, Michelle Bachelet arrasó cuatro años antes y la gente no votó por su candidato. Las personas votan por su futuro, y representamos cambios en libertad, sin violencia y en orden. La elección se juega en nuestra capacidad de interpretar a Chile, en un proyecto de sociedad mayoritario que interprete a la clase media y a los sectores que más lo necesitan. —¿Qué lugar tienen los partidos?, ¿son más costo que beneficio? —Todo el protagonismo que quieran, lo estamos conversando. Valoro la diversidad de CHV, de sus partidos, sus liderazgos, y a los independientes y sus liderazgos. La política sin partidos es caudillismo, no soy un antipartidos. Chile tuvo buenos gobiernos con presidentes independientes como Jorge y Arturo Alessandri. Quiero ser la llave para que entre otra gente, no deconstruir lo que hay. —¿Abriría el Congreso a independientes, con facilidades como en la Convención Constitucional? —La CC es una institución transitoria, distinta al lugar donde se construyen las leyes y la estabilidad del sistema político. Soy más partidario de bajar umbrales en las listas de los partidos.

‘UN RELATO REFORMISTA PARA CHILE’

—¿En qué será distinta su campaña presidencial? —Está en juego el futuro de Chile. Es la campaña presidencial más importante del siglo XXI, se cerró la transición y viene una nueva etapa donde el nuevo Presidente firmará la Constitución y deberá liderar su instalación. Se parece a la elección de Alessandri el 32. —¿Se jubiló una generación, también el proyecto histórico de la derecha? —No, es un cambio de época donde la generación pasada juega otro rol, de experiencia, de construcción de contenidos. Hemos trabajado mucho con el historiador Juan Luis Ossa en un nuevo relato reformista para el Chile del siglo XXI; una centroderecha y centro que no le tienen miedo al Estado, a la competencia y al mercado, que confían en la libertad individual, que se oponen terminantemente a la violencia, que lideran reformas y cambios. —Con la ‘refundación’, ¿la izquierda ganó esa batalla cultural? —No, la batalla cultural está cerca de nosotros, los valores de la clase media y trabajadora son más parecidos a los nuestros que a los de la izquierda. Quieren emprender y nadie defiende más el emprendimiento que nosotros; les molestan los abusos de donde vengan, y mercado y Estado eficientes son valores nuestros; creen en la solidaridad y la comunidad, como el mundo social cristiano que representamos. Nuestro error es que hemos aparecido interpretando más los intereses de unos pocos y hablando solo de crecimiento, estabilidad, administración, que son medios, no fines. La izquierda instaló la ruptura, empezar todo de nuevo. Lo rechazo absolutamente. ¿Qué quiere la gente? Cambios, pero en paz. —¿Qué les atrajo de Daniel Jadue? —Por debilidad nuestra, se han instalado liderazgos como el de Daniel Jadue, que plantea asfixiar a las pymes, liberalizar las drogas o desconfiar de la libertad de emprender. El peor error es bailar en los paradigmas culturales de una izquierda que promueve verdades absolutas. No es cierto que el mercado es malo y el Estado es bueno, tampoco que el mercado es bueno y el Estado, malo. No es cierto que defender la libertad es renunciar a la justicia. —¿Por qué? Boric también habla de transformaciones y ofrece paz social. —¿Paz social? Ideólogos como Fernando Atria o Daniel Jadue legitiman la violencia, quieren indultar a quienes destruyeron o saquearon pymes construidas con esfuerzo. La violencia es antagonista de la democracia, que necesita del orden. Soy un reformista, la centroderecha y el centro lo han sido siempre. Los chilenos quieren cambios para vivir mejor, llegar a fin de mes tranquilos, que el narco no les tomen el barrio, que el permiso para su emprendimiento no demore meses; el pago de su licencia, la pensión de sus hijos. Los cambios que propone la izquierda suplantan la libertad de elección por un Estado omnipresente, que no está al servicio de las personas. —Respecto a la violencia, ¿cómo pararla sin excesos policiales que han recibido condenas internacionales? —La primera misión de un Estado democrático es garantizar la seguridad y el orden a las personas. El ejercicio legítimo de la fuerza significa usar todos los mecanismos institucionales y dotar a Carabineros de todos los medios, protocolos, formación. No hay causa legítima que justifique la violencia en democracia. Una izquierda que legitima la violencia está desconfiando de la democracia. —¿Falló este gobierno en contenerla y Carabineros vulneró los DD.HH.? —Condeno cualquier violación a los derechos humanos, pero las responsabilidades deben ser juzgadas y calificadas por los tribunales de justicia. Debemos instalar el correcto orden en el relato público. No es lo mismo alguien que termina herido en su trabajo, porque terroristas o delincuentes sabotearon su empresa, que la defensa legítima que hace el Estado por proteger a ese trabajador. El chantaje de la violencia tiene que terminar, es tan peligroso, alguien podría decir que hubo atropellos a los DD.HH. en el gobierno de Michelle Bachelet por casos como el Sename, y no lo creo. —El proceso constitucional, ¿no tiene una deuda con el estallido del 18 de octubre? —Fue un acuerdo democrático, construido en democracia en el Congreso. El emplazamiento es a Gabriel Boric y su entorno, donde hay personas que validan la violencia como método de acción política. Ofende al que legítimamente se movilizó por un mejor país que lo igualen al que destrozó propiedad privada y pública.

‘EL POPULISMO DIRÁ SIEMPRE QUE TODO ES FÁCIL’

—Suscribe el matrimonio homosexual, la adopción homoparental, el aborto en tres causales, ¿avanzaría con aborto libre y eutanasia? —El aborto libre no y en la eutanasia, no avanzar hasta tener una ley de cuidados paliativos de verdad, que hoy no existe. —¿En despenalizar la marihuana? —Quiero que en Chile niños y jóvenes no consuman drogas, y el Estado tiene que dar señales correctas. La marihuana está despenalizada en el consumo individual, pero no promovería mercados para drogas dándole legitimidad social. Las familias de adictos lo pasan muy mal, sé lo brutal que puede ser. —Si quiere un Estado protector, ¿por qué mantiene las AFP tan cuestionadas? —Quiero abrir la competencia por administración, pero las personas saben lo que es mejor para su vida, y quieren tener sus ahorros en cuentas individuales y elegir quién administra. Quiero que los chilenos elijan todo; el colegio para sus hijos, el sistema de salud, quien administra sus fondos previsionales, y establecer mínimos de dignidad, con una pensión básica solidaria universal, seguro universal de salud, empleo con aporte solidario permanente. Nivelar la cancha para arriba para que la libertad de elección sea cierta.
‘Si crecemos al centro, al mundo independiente, esta coalición puede ser mayoritaria, y eso requiere búsquedas activas’.
—La clase media le quitó su apoyo a este gobierno. Como exministro de Desarrollo Social, ¿cómo asume ese fracaso? —En la peor crisis social fui ministro de Desarrollo Social y estuve entre las cinco personas mejor evaluadas del país, por dos años, en este gobierno. La gente valora cuando haces las cosas bien y tienes liderazgo. No tengo ninguna duda de que nuestras respuestas son mejores para la sociedad del futuro. —¿Por qué sería mejor un crédito universal a la gratuidad? —La clase media sabe que las cosas se logran con sacrificio y esfuerzo. La batalla será democracia versus populismo. El populismo dirá siempre que todo es fácil, la mayoría de los chilenos sabe que es imposible hacer todo al mismo tiempo. —Su programa no contempla alzas tributarias, ¿cómo financiará los costosos compromisos del Estado? —Propongo aumentar el gasto en 2,5% anual, la carga tributaria en 3% del PIB al 2030. Hay que combatir esa moral de la izquierda de que la única forma de recaudar más es con más impuestos a las personas y las empresas. Con nuestro equipo amplio y transversal de economistas, Esteban Jadresic, Guillermo Lefort, Patricio Arrau, Álvaro Clarke, Gabriela Clivio, proponemos un proyecto serio y viable financieramente en el mediano plazo, que aumenta las transferencias directas a las personas y es viable financieramente a mediano plazo, con un compromiso de gasto público eficiente. —¿Dice que Boric es populista? —Hay una izquierda populista en Chile, y su programa tiende a decir que todo es posible. Los ciclos positivos de nuestra historia se han dado cuando proponemos cambios, pero sustentables.
Publicado en El Mercurio, 25/07/21.
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