Columna de Sebastián Sichel: En defensa de la libertad (y contra el pluralismo al estilo Jadue)

Que a un candidato presidencial no le guste lo que publica un medio, no es razón en ninguna sociedad democrática para que el Estado intervenga en su propiedad, en su línea editorial o en la rutina periodística. La propuesta de Jadue no sólo no cumple con los estándares democráticos mínimos; tampoco cautela derechos tan fundamentales como la libertad de expresión.

 

Por Sebastián Sichel
Candidato presidencial independiente de Chile Vamos

Como parte de su programa de Gobierno, sin mucha precisión ni en el papel ni en las explicaciones posteriores, el programa de Daniel Jadue incluye una propuesta para regular a los medios de comunicación, en su propiedad y en su contenido editorial. Quiere que todos sean pluralistas -como él, supuestamente- y que, si incumplen reiteradamente ese principio, un medio podría llegar incluso a perder la concesión y salir del aire. ¿Quién decide eso? Un consejo que, según él, y más tarde según la diputada Vallejo, podría ser integrado por los poderes del Estado o por un grupo de ciudadanos elegidos por el pueblo.

Según el candidato comunista, tampoco podrían ser dueños de medios quienes tengan además propiedad en empresas de sectores estratégicos. ¿Cuáles? Tampoco es claro. ¿Ejemplos? Ecuador y Venezuela. Para no insistir con el autoritarismo chavista, hagamos referencia al período de la izquierda de Rafael Correa: un consejo autónomo esgrimió razones legales, técnicas y administrativas para caducar concesiones a decenas de medios, incluyendo a estaciones de radio que llevaban al aire más de 60 años. Mala broma.

La propuesta de Jadue no sólo no cumple con los estándares democráticos mínimos; tampoco cautela derechos tan fundamentales como la libertad de expresión. Allí donde los autoritarios concentran el poder, los comunicadores terminan transformados a la fuerza en voces oficiales. El candidato comunista levanta sospechas, deja entrever que los periodistas terminan censurados, o lo que es peor, se terminan autocensurando, y que la rutina periodística responde al dueño del medio y no al debido interés público o al derecho de informar. ¿Qué opina el Colegio de Periodistas sobre eso? Mutis por el foro.

En tiempos donde hay que reforzar el periodismo como garantía de una mejor democracia y del impulso de una comunidad informada, el candidato comunista pretende que vuelvan los censores y los comisarios políticos a las salas de redacción y a las rutinas periodísticas, como en los peores autoritarismos. O como dictaban los manuales en los setenta: los medios de comunicación son aparatos ideológicos del Estado y, por lo tanto, hay que intervenirlos, cortarlos o torpedearlos.

Si queremos que algún organismo fiscalice -un término que ocupó la diputada Vallejo- a los medios de comunicación, allí está el Consejo Nacional de Televisión. Por cierto, un organismo con miembros elegidos por cuoteo político. Si eso es lo que quiere la diputada, entonces, ese organismo fiscalizador ya existe.

En esta candidatura, creemos que el Consejo Nacional de Televisión debe ser reformado -en su composición y en su misión- para ponerlo a tono con los tiempos que corren. Sus integrantes deberían mezclar a miembros escogidos por el sistema de Alta Dirección Pública y a representantes de las universidades elegidos democráticamente por esas entidades. Todos, deben acogerse a los principios de la probidad y transparencia, tal como dice el proyecto que presentó la ex presidenta Michelle Bachelet en 2015.

El debate no debería estar puesto en cómo apagamos lo que no nos gusta, en cómo castigamos al dueño porque no dice lo que yo quiero que diga, o en cómo sospechamos de tal o cual periodista porque supuestamente no escribe lo que ve; la conversación debería estar en torno a cómo hacemos que existan más y mejores medios en todos los soportes, y cómo reforzamos la libertad y el derecho a informar del periodismo. Más aún en estos tiempos de cambio, en donde nuevos actores independientes abrieron la cancha y los partidos perdieron la hegemonía. La pluralidad se trata de apertura al cambio, a nuevos actores, agendas y urgencias. Esta discusión sí es de futuro, lo del candidato comunista es del pasado.

 

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