Sebastián Sichel: “Salgo en un video de La Pozze Latina, saltando al escenario en La Batuta”

En el Manifiesto Pop de esta semana, Sebastián Sichel (IND) nos recibió en su casa para rebobinar la historia: su pasado en Concón y cómo sus orígenes influyeron en su yo actual; su particular visión de la política y sus ganas de ser Presidente. También de sus sueños, su miedo al abandono y varias anécdotas. Acá, un candidato por sí mismo.

Por Eduardo Ortega / Andrés Pérez.

Política

Desconfío de todo lo que sea un fanático que defiende algo, sin racionalidad… por eso soy liberal. El hueón que me viene a defender algo solo porque hay que defenderlo, porque está ahí, desconfío. No tengo ídolos. Ah, sí, uno solo: mi abuelo. Pero fuera de esto, no. Y no quiero que los políticos seamos ídolos de nadie. Que vivamos una política que entienda lo común. La política de los 60s era ser un fanático, intentar ser un mesías. La política del siglo XXI tiene que ser entender lo común, lo cotidiano.

No soy de esos políticos que andan por la vida diciendo que «esto es un apostolado»… a mí me pasó que la vida me dio el privilegio de estar en posiciones de poder y lo he tratado de hacer de la mejor manera posible. Y hoy tengo la oportunidad de ser candidato en la misma lógica. Siento que es una mochila que se me va cargando más de responsabilidades, pero orgulloso de tener el privilegio de hacerlas.

La centroderecha tiene sobredosis de partidos. Tiene tres partidos muy estructurados, históricos: uno que está tratando de competirle que es Evópoli, y dos que vienen desde el año 90. Se ha desatado más bien una competencia intrapartido más que la vocación de buscar a nueva gente y construir grandes mayorías. Y cuando te miras el ombligo todo el día, siempre estás peleando con el del lado para ver quién tiene el ombligo más bonito. Ha habido exceso de partidismo, de caudillismo y de captura de los partidos de la discusión pública, más que una mirada de largo plazo de la política.

La política es el blanco de las críticas con toda razón. A mí me gusta mucho el rock, entonces esto es como cuando Mike Patton cuando se para en el Monsters of Rock en el Víctor Jara, abre los brazos y lo escupen todos. Cuando uno toma la decisión, igual que Mike Patton, de tratar de dirigir una banda, puede que en ese minuto no le guste a la gente o lo esté haciendo mal, y yo creo que la política lo ha hecho mal. Por lo tanto, no solo estamos expuestos a la crítica: creo que muchas veces esas críticas son justificadas y tenemos que escucharlas más que escondernos de ellas.

Me cuesta competir con políticos que se les va la vida en la política. Para mí esto es relevante, creo que puedo ayudar a solucionar problemas, ser un buen líder, pero me doy cuenta que compito con gente para la que esto no es una opción: es la única forma de desarrollo profesional, humano… se les va la vida y están dispuestos a matar por esa vida, porque no han hecho otra cosa.

La política es un club. Tiene esa lógica. Hay clubes que son clasistas, algunos partidos; hay clubes en los que sólo entran los que estuvieron haciendo carrera política en el partido. Me han tratado como ajeno muchas veces. «Usted no fue presidente comunal el año ’44 y no fue concejal antes de ser ministro»… ese tipo de cosas. Te tratan como que no has firmado la tarjeta de socio del club. He sentido la idea de la exclusión. ¿En el Gobierno? Me sentí a veces como en un círculo de colegio. Y como yo no soy parte de ese circuito, era raro; todos se conocían, habían estudiado en los mismos colegios, estaban emparentados. No sentí discriminación, me sentí ajeno a ese club en particular. Ahora, si salí es probablemente por eso: porque no era del club, de los partidos.

Redes sociales

Yo mandaría a muchos políticos a rehabilitación respecto a las redes sociales. Las redes se transformaron en la droga de los políticos. Tiene que ver muchas veces con la falta de conocer el país de verdad: como no lo conocen, se drogan con las redes sociales creyendo que ahí está el país, ¿cachái? Su gran error, igual que todo adicto, es creer que el mundo que consumen es el que mundo que viven.

Yo miro las redes sociales con distancia. Mi vida real está en el asado que hago con mis amigos, cuando jugaba a la pelota con ellos, cuando iba al cumpleaños de mi mejor amigo que vive en La Florida. Ahí escucho mucho más y me informo mucho más que en las redes sociales. Entonces, en su justo mérito son un lugar de debate público, pero no creo que sea el país real, y como todo rehabilitado de la droga, no vivo en ese mundo de fantasía.

Nunca he recibido una amenaza de muerte. En la esfera pública nunca me han amenazado, y eso que yo ando en metro. En la calle no me ha pasado nunca… en las redes sociales sí, pero son como fantasmas, entonces uno no las toma en serio. Un bot, les mirái el perfil, la foto y es una manzanita, entonces para tomarme en serio, no.

Populismo

Lo que hace Pamela Jiles es mostrar que hay gente que no cree en la democracia. Ella no cree: lo esconde con formas democráticas porque es electa. Pero la democracia no es solo elegir autoridades cada cuatro años. Eso es, de hecho, la fachada: la democracia tiene que ver con cómo resolvemos nuestras controversias, cómo convivimos, las normas de respeto, cómo resolvemos las confianzas. El debate es lo valioso. Y creo que ella y muchos más, de izquierda y de derecha, harta extrema derecha que cayó en lo mismo, empezaron a creer que la democracia era un ejercicio formal, que era solo ser electo y después destrozar todo lo que era la esencia: el debate con altura de miras, la capacidad de liderar, el respeto por el otro. No me imagino un país en que mis hijos normalicen que una persona que haya sido electa pueda tratar de garabatos al Presidente o al que está al lado; que pueda normalizar armar una pyme familiar y pedir los votos pa’ su marido o su pareja en televisión. Hay algo ahí que ella encarna y que es un mal signo de los tiempos.

Se ha instalado una idea de que la política es 24/7, que enorgullece a algunos, y yo creo que es exactamente la destrucción de la política. Yo no creo que uno pueda ser buen Presidente o buen ministro, lo que sea, siendo mal papá o debilitando tu relación familiar. Porque dejas de entender el mundo. Hay muchos que te dicen «usted no debería estar ahí, comiendo con sus hijos» y yo digo «no, porque quiero ser un buen Presidente, tengo que ser un buen papá». La política se ha transformado en una especie de populismo en que lo más importante es estar 24/7 y no resolver problemas. Eso te hace perder la óptica: si tú no podís ir a la feria, difícilmente vas a saber que el kilo de naranjas está a $1990, que el kilo de fujis está a $1290… y difícilmente vas a tomar una buena decisión.

Crisis sanitaria

El proceso de vacunación ha sido ejemplo mundial, y demuestra también la necesidad de tener una salud pública que sea justa: la vacuna fue gratis para todos, igualitaria.

El toque de queda permanente es una aberración. El día que me acostumbre a vivir en una sociedad en que la autoridad me dice a qué hora me tengo que acostar, es porque ya no creemos en la democracia. Tiene razón un toque de queda que se justifica respecto a la condición sanitaria. Pero hay comunas que están en fase 4, Isla de Pascua por ejemplo, y tienen que ir a acostarse a las 9 de la noche y cerrar todo cuando no hay un caso de coronavirus. Otras comunas, como Vichuquén, pasaron a fase 3 y se tienen que acostar a las 10 de la noche porque el papá Estado lo dice. Se ha hecho costumbre la limitación de la libertad. No quiero un Estado que me diga a qué hora tengo que acostarme en mi cama, salvo que tenga una buena razón para explicarlo. Y no hay buenas razones para estar durante un año y medio con toque de queda, lo que hace también la sociedad más injusta. Aquí hay gente que viaja dos horas en micro para llegar a su lugar de trabajo, que llega a las 8 y media a su casa y le dicen que no puede salir a caminar por la cuadra. El gobierno lo ha hecho mal porque ha transformado en costumbre algo que debería ser una excepción.

Hay que terminar con el chanterío de la promesa de bonos cada vez que hay elecciones. Hay que transformar a un Estado que haga justicia y que cree instrumentos como el IFE. Y voy a defenderlo hasta el infinito. La principal crisis de la política y de los parlamentarios es que hacen una especie de cohecho moderno: prometen bonos, y yo lo que quise hacer era hacer transferencias permanentes. Gran parte de mi propuesta de gobierno son las transferencias permanentes. Si hay algo que quiero contradecir en el mundo del presente es la política que promete bonos, porque es tratar de comprar un voto. Traté de hacerlo como ministro, pero lamentablemente me sacaron antes.

A mí me sacaron cuando el IFE estaba recién aprobado. Entonces tampoco pudimos tener un debate. Me hubiese encantado, un mes después, cuando vimos que se extendió la crisis sanitaria, tener más tiempo para ir haciendo progresión de los ingresos, ir aumentando. Pero creé el instrumento y los partidos me sacaron.

Presidencia

Ser ministro fue una oportunidad gigante que no imaginé en mi vida. Cuando vi a mi mamá llorando, bajando por las escaleras, y me vio como ministro, sentí un orgullo… de representar a mis amigos del liceo, a mucha gente que sentía que iba a haber un ministro que iba a entender mejor los problemas que viven cotidianamente. Fue un orgullo pero una responsabilidad enorme. Me acordé de las largas horas de mi vida que pasé haciendo fila en los consultorios… de tantas cosas. Lo primero, pa’ mí, fue como dice Spiderman: «Un gran poder significa una gran responsabilidad». Sentí que el país tenía a muchos como yo, viviendo lo mismo que yo viví, y que podía hacer algo. Me sentía como un Quijote luchando contra la burocracia cotidianamente.

Quiero ser Presidente porque quiero combatir la captura del Estado y la burocracia del Estado para ayudar mejor a los chilenos. Si el problema de Chile no es cuánto más Estado necesita, sino cómo el Estado hace mejor su pega, y yo quiero ser un espadachín en eso: quiero que el Estado haga mucho mejor su trabajo, que lo hace bastante mal.

Mi debate es qué se piensa sobre la sustentabilidad o la economía circular. Eso quiero debatir en la esfera pública. Orgullosamente me quiero enfrentar a Boric y Jadue y decirles «tenemos una visión distinta respecto al rol de los emprendimientos, sí o no». Entonces, ¿por qué es importante el cambio de época?, que tiene que ver con la innovación y la generación: porque tenemos que cambiar los debates.

Resumo mi salida del ministerio en la conversación que tuve con el Presidente. Cuando él me dijo, lo abracé y le dije «gracias por la oportunidad». Algunos ministros dicen «a mí me obligaron a tomar ese cargo», «me pusieron ahí». Lo dicen como despectivamente. Para mí la oportunidad de ser ministro es más que cualquier cosa que me haya propuesto en mi vida. Al bajar por la escalera iba con el orgullo de haber dado lo mejor de mí, y siento que los chilenos lo han valorado. Masticando esto… después, sí me dio rabia con los partidos. ¡¡Cómo!! Uno está haciendo bien la pega, o así lo ven los chilenos en un gobierno con baja aprobación… estábamos empezando a trabajar con la ayuda de las cajas, con una estrategia, y el ministro de Desarrollo Social cambia justo… y hay tantos cambios, cuando debería ser el motor de las ayudas… Me dio rabia por lo que te decía: cómo los partidos piensan más en sí mismos que en cómo podemos seguir ayudando. Y eso tiene que ver con mi gran lucha: ser independiente para poder, construyendo política con los partidos, no hacer que los partidos tengan el monopolio del poder hasta tal punto que pueden decir cuándo un ministro sigue o no sigue en situaciones tan críticas como cuando más ayuda social se necesita.

Esta elección probablemente va a ser entre Daniel Jadue y yo. La primaria va a ser entre Lavín y yo, y creo que la elección final va a ser Jadue conmigo. Y me encanta. Soy lo menos anticomunista que hay en el mundo, no tengo ningún rollo. Tenemos miradas de sociedad distintas, y es un lindo debate para el país si quiere optar por el camino del comunismo o por el camino de las ideas liberales, que es lo que represento yo.

Campaña

Una de las primeras medidas que propuse fue una política de salud mental. Incluye la detección temprana, que creo que es la gran crisis; incorporar al AUGE y eliminar todo esto absurdo de que el tratamiento psicológico y psiquiátrico tiene limitaciones de coberturas en Fonasa y pagos de bono. Acá es más importante atenderte cuando te quebraste un dedo y puedes ir siete veces a sesión, que un psicólogo o un psiquiatra te atienda cuando tienes problemas que puedan afectar tu vida cotidiana. Es una hueá absurda. Mi idea es eliminar todo este trato discriminatorio a la enfermedad de salud mental en las prestaciones públicas y privadas, y se trate igual que cuando uno tiene apendicitis.

La propuesta más importante de mi campaña es que se cree una Pensión de Alimentos garantizada por el Estado. Es uno de los principales talones de Aquiles de nuestra estructura social y nuestra política social: mujeres condenadas a mantener a sus hijos solas. Un tercio de los niños en Chile son criados por una madre sola, incluyéndome. Papá salió a comprar cigarros, nunca más se hizo cargo de ese hijo, nunca más pagó pensión alimenticia, y esa mujer tiene que trabajar, cuidarlo sola, mantenerlo, aun cuando haya un tribunal que haya dicho que ese irresponsable tiene que pagarlo. Entonces, si el padre desapareció, es el Estado quien cumple con la obligación del pago. No es que pueda sacarla pelada: después el Estado demanda al padre y persigue para recuperar la plata, pero no le deja la responsabilidad a la mujer de someterse a la indignidad de perseguir a la otra persona.

Vida

He llegado a lugares insospechados si me retrotraigo a mis quince años. Nunca me imaginé, por mi propia historia de vida, tener las oportunidades y los privilegios que he tenido de poder estar en los lugares que he estado para tomar decisiones. Entonces, nunca fue un proyecto. Mi sueño era ser profesional cuando era chico, ¿cachái? Y lo logré, y todo lo demás ha sido una oportunidad que me ha dado la vida.

Siempre que tomo una decisión, pienso cuando yo tenía nueve años y vivía en Concón, en esa casa que no tenía nada. Nunca me he desconectado de eso. La mayoría de los chilenos viven esta vida; pero hay muy pocos en la política que hayan tenido una vida distinta, que no hayan nacido en un sector privilegiado. Me he encontrado con algunos que te dicen «yo también lo viví», que están en los lugares de poder, pero se desconectaron de sus historias. A mí lo que me pasa es que mis mejores amigos, con los que hago asados, son mis amigos del liceo y mis amigos de Concón: el Charao, el Figueroa, sigo hablando con ellos cotidianamente. Entonces, mi historia no solo influyó como un recuerdo: es mi vida cotidiana. Tengo el privilegio de vivir acá, pero este es mi barrio. Mi casa, la mediagua, estaba ahí, en esos blocks de abajo, en la vulcanización de la esquina, y compro en el mismo almacén hace 30 años. No es solo dónde viviste o qué historia tuviste, sino que no olvidarte de que tú eres esa persona, independiente de las posiciones de poder.

Yo estaba en La Moneda de ministro y a las 7 varias veces me fui a tomar unos schops al Paseo Bulnes, a la Fuente Italiana, con mis mejores amigos. Y era la misma persona. Puedo estar dando una charla en la Sofofa o en Icare y se van a encontrar con la misma persona que está en el metro el día después. Eso es lo que me ha marcado más en la vida. Donde estoy, solo estoy de paso, y como estoy de paso no me compro el cuento… excandidatos dicen que nacieron en Maipú…, chuta, pero ¿ahora seguís conectado a Maipú? ¿O eres el mismo que vivió en Maipú?

Yo me crié frente al mar y, como no teníamos lucas, el mar era el supermercado. Literal. Lo que hacíamos para almorzar, es que a veces nos tocaba recolectar pulgas y hacíamos sopa de pulgas. Uno se come los huevos, la parte naranja de las pulgas. O sacar lapas: yo sé reconocer perfectamente en el mar qué lapa se come y cuál no se come. No se come la con cascarón, se come la de sombrero chino. Y todavía lo hago. Tengo la fortuna de poder ir harto a la séptima región, a Llico, allá salgo, me meto al mar. Le estoy enseñando a mis hijos a sacar lapas, pejesapos y tiene que ver con la conexión con la vida común. A mí nunca me vai a ver buscando lujos que no me interesan, trato de vivir como vivo. La gente se sorprende cuando me ve en la calle con short. Y tiene que ver con eso.

Como yo no tenía lucas, y me vestía en el Persa Biobío, me compraba ropa de militar en desuso. Justo en la esquina de Placer. Me compraba los pantalones con los bolsillos al lado, ¡costaban luca! en esa época. Entré a la Católica, y caché que unas compañeras más cuicas empezaron a pensar que era ondero y me empezaron a preguntar en qué tienda me compraba esa hueá. Y trataban de seguirme la moda, pero no cachaban que no era moda: era necesidad. Era muy chistoso, unas empezaron a ponerse los pantalones de milico con bolsillos pensando que era por ser rockero… y era pa’ lo que me daba.

Me echaron varias veces de clases en la Católica. De Fundamentos Filosóficos del Derecho, el profesor Donoso. Me sentaba y me echaba, me sentaba y me echaba. Yo usaba aros y tenía el pelo más largo, y en la Católica, año ’95, eso era un pecado mortal. Muchos iban a clases con terno, de lunes a viernes. Yo llegaba con short, con aros. Pero el orgullo mío es que me saqué un 7 en la prueba. Lo callé con el 7. ¿Usted me echó todas las clases? Y como yo era rebelde, no me iba a sacar mi aro, así pasé de clase en clase, pero me saqué un 7 y fue como mi venganza. Él no lo podía creer.

Los Pichulonco, mis amigos, eran becados o de regiones. No teníamos ni uno. Yo vivía acá, en la Colon Oriente, Colon 9000. Pero varios vivían entre San Joaquín, Indepe. Vinimos a carretear la primera vez donde un gallo, gran amigo mío, acá arriba, como en San Carlos. Ni conocíamos… Vimos que terminó la fiesta y se fueron todos en sus autos, nosotros esperábamos la micro, ¡y no pasaba! Eran las 2 de la mañana… terminamos todos durmiendo en una plaza. Y hacía tanto frío que dormimos en estas casas de Tarzán, los siete hueones pegaditos, y el último durmió atravesado arriba, el doctor Eric Correa, para abrigarnos en la noche. Ninguno de los otros se imaginó que nosotros no teníamos cómo irnos.

Recambio generacional

Ir al Congreso tenía mucho de ir al museo a veces. Era como… «ah, qué choro, me acuerdo del episodio que ocurrió en el año ’92 que leí en un libro» y partía ese debate: se sacaban todo. A las 9 de la noche empezái a ver cómo Navarro acusa al otro de pinochetista y el otro lo acusa de terrorista porque estuvo con Allende. Lo vi como ministro y decía: «es de otra época». Y algunos jóvenes estaban en esa misma dinámica. Por eso es tan necesario este cambio o relevo generacional: porque Chile cambió más rápido que cualquier otra sociedad en los últimos 30 años. Cambió todo y la política sigue atrapada en el trauma.

Mi gran crítica a la derecha actual es que para ofrecer cambios recurre a Joaquín Lavín. En la práctica es como si tú dijerai: ¿cómo enfrentar al futuro? Llamando a mi abuelito a dirigirlo. Hay un miedo a los cambios que incluso se manifiesta en el tipo de liderazgo que construye: siempre hacia atrás, y es muy raro porque tú deberías tener liderazgos que estén preparados para el futuro. Creo que una centroderecha moderna tiene que buscar nuevos liderazgos y tener menos miedo a los cambios y a las reformas. Y no puedes buscar esos liderazgos dentro de los mismos partidos que han sido funcionarios de partidos, porque si no, lo que también pasa es que tu déficit es el partidismo. Tienes que buscar liderazgos fuera de lo que ha sido la estructura en general de la centroderecha… si es que quieres ser mayoría y no quieres ser sólo un tercio.

Desconfío profundamente de aquella gente que me dice «yo pienso lo mismo que hace 20 años». Perdón, pero hace 20 años no había internet, no sabíamos que había robótica, no sabíamos que venía el cambio climático… entonces, ¿cómo va a pensar lo mismo? ¿Usted piensa lo mismo entonces respecto a la explotación de los recursos naturales? Y la política tiene ese síntoma natural de estar estático, se queda pegado. Yo tiendo a ser iconoclasta, a hacer modificaciones.

Las fuerzas de izquierda leyeron mucho mejor el cambio de los tiempos. Eso pasó en las elecciones. Primero, en un vector vital: el promedio de edad de los constituyentes fue de 45 años, los alcaldes 35… Yo no creo que haya una gran ola de izquierda: lo que hay es que la izquierda leyó mucho mejor la necesidad de renovar la política y cambiar la agenda. La centroderecha podría hacerlo, pero se resiste. También había una necesidad de un cambio de generación en la política, muy fuerte, una demanda de cambio generacional que también fue acogida. En la derecha hicimos todo lo contrario: nos metimos muy fuerte dentro de los partidos y muy fuerte en los liderazgos antiguos.

Si la política vive en el código del Sí y el No, de Pinochet y de Allende, lo voy a decir de este lado: de Lavín y Soledad Alvear…, está hablando de un país que se fue, que ya no está, que no existe. Por lo tanto, ¿por qué pasa lo de la necesidad de innovación y juventud? Porque alguien tiene que conversar de otro país, del cambio climático, del cambio social, tecnológico, del cambio demográfico, de la inmigración, pero lo que te pasa con lo del anclaje es que sus traumas son más relevantes que sus opiniones sobre el futuro. Tarde o temprano terminan sacando a Allende o a Pinochet del closet y argumentando con eso.

Cocina

Consejos para el que quiera, tips de cocina: la lapa de sombrero chino se come; la lapa que es como un casco, no se come; el piure, cuando lo sacái directo del mar no tiene ese gusto a yodo fuerte; el pejesapo, si lo destripái, es el mejor caldillo del mundo que podís tomar pa’ la caña. El mar es eso para mí.

Mi hijo, el Pedro, me dice «¿cuándo vamos a poner un restaurante?». Más que preguntarme cuándo voy a ser presidente, me pregunta cuándo vamos a poner un restaurante. De pescados y mariscos. Mi sueño de vida, después de ser Presidente, es que me encantaría volver a recuperar mi vida cotidiana, tener un restaurant, poder jugar a la pelota y poder hacer asados todos los fines de semana. Si me preguntan ¿dónde te gustaría estar a los 50? Hay gente que dice que en la ONU. Yo, en el restaurante con mi familia y haciendo asados los fines de semana con mis amigos con una buena cerveza.

Drogas y rock and roll

Respecto al consumo de marihuana y al autocultivo no tengo ningún rollo, absolutamente libre. Respecto a la creación de mercados, hay que tener una discusión: si tú creas un mercado por monopolio estatal, que es lo que hizo Uruguay, o competencia libre, como en otros mercados. En general, tiendo a creer que prefiero mucho más el autocultivo con una cuota máxima para que no se transforme en generación de mercado.

No tienes que sancionar el consumo nunca, pero tienes que perseguir al microtraficante. Yo propongo crear una policía similar a la DEA (Administración de Control de Drogas, por sus siglas en inglés) que sea distinta a Carabineros y a Investigaciones, y se dedique a perseguir microtráfico y tenga una escala funcionaria distinta, una estructura, protocolos distintos, uso de técnicas de investigación y de armamento distintos. Que permita detectar el problema de raíz, enfrentar de verdad el microtráfico.

Me gustan los Clash, siempre he sido más punketa. Chilenos me gustaban mucho Los Miserables, Los Fiskales, Los Morton, Supersordo. Bailábamos pogo. Y de fuera, ahora más viejo me he metido más en los Rolling Stones. También escucho harto La Floripondio y Chancho en Piedra, el grupo favorito de uno de mis hijos.

Salgo en un video de La Pozze Latina. Pendejo, saltando al escenario, en «Sex Maniac». Yo no me acordaba, pero un amigo lo vio y me dijo «hueón, erís vos». Salgo ahí y sale mi cara, heavy. El video lo grabaron en La Batuta y yo iba mucho en los 90s. Es que escucho harto hip-hop chileno. Ahora escucho a La Brígida Orquesta, de Chinaski, un capo. También escucho harto Bronko Yotte. Era pa’ cagarse de la risa, porque yo era profe y los cabros no podían creerlo. Me encontré con ellos alguna vez en El Clan, escuchando Bronko Yotte, y apareció una cabra que era alumna mía, la María Paz, y me miró como «qué hacís vos aquí, hueón».

Antes uno, para ser erudito, la gente decía «yo leo solo filosofía política»… las pinzas, hueón. Yo leo lo que me cabe en la mano y no tengo complejos en leer mañana Condorito, o lo que sea. He leído novelas preciosas en el último tiempo, preciosas. Estoy terminando la de Coetzee, que se llama Invierno. Al lado tengo la biografía de Obama, una de Stiglitz que se llama Capitalismo progresista y estaba leyendo uno que se llama Yoga, de (Emmanuel) Carrère. Arriba no tengo tele, así que leo mucho.

Repudio el concepto de los placeres culpables. No existen: es un placer, no más. ¿Por qué tenís culpas? Yo no tengo culpa de haber creído una cosa hace diez años y hoy día haber cambiado de opinión. Soy un hueón súper poco culposo, porque las culpas tienen que ver con tratar de responder las ideas preconcebidas de alguien o tuyas mismas. Yo disfruto.

Trabajo

Cuando estaba en el colegio yo trabajaba en tres pegas al mismo tiempo. Era junior en una oficina, La Máquina, hacía el aseo y los trámites. Y los fines de semana pituteaba; así llegué a una agencia de servicios. Te mandaban a mostrar los productos que degustái en el supermercado o a ser extra en grabaciones. Fui extra en grabaciones. Salí en el Jappening con Ja… era mi oportunidad para que saliera mi cara en televisión y me pusieron una máscara, fui ninja, jajaja. Me tocó ser extra en una teleserie que levantaba carteles… Cristian Campos era político y yo era el que salía con el cartel atrás. Me tocó trabajar en Lomitón y, por esa misma agencia, me tocó ir a un programa que se llamaba «Cóctel» de La Red y competir en el hueón que más lomitos se comía en tres o cinco minutos… Gané. Pero lo más chistoso es que era menor de edad y el premio era una botella de pisco, así que no me la dieron. También fui Caballero del Zodíaco en Village. Me perdí la final de la «U» en 1994, el penal de Mardones en El Salvador, por estar limpiando vidrios.

La peor pega que hice fue vender tarjetas de navidad en Calle Puente. Te parabai con la hueá y no teníai permiso… te instalabai y arrancabai de los pacos todo el día. Y fue la peor, porque te robaban tarjetas. Entonces, llegó el fin de mes, fui a cobrar la plata que me iban a pagar por la cantidad de tarjetas que vendí… y eran tantas las que me habían robado que me pagaron, no sé, en vez de 20 lucas, 3 lucas. Estuve todo el mes sentado pa’ ganarme nada.

Soy profe de Derecho Constitucional hasta el día de hoy. El único tiempo que lo dejé de verdad fue cuando fui ministro, que suspendí los semestres, pero ahora los retomé.

Familia

Mi principal miedo en la vida es que mis hijos sientan que su padre no estuvo. Mi vida fue de puros abandonos. Mi mamá, por su enfermedad mental. Mi papá, que no existía. Mi abuelo que se murió demasiado joven, cuando todavía no me había titulado. Yo me crié muy solo, salvo por una tía, la Andrea, que siempre me apañó. Por eso soy tan apegado a mi familia. Tengo miedo que mis hijos me cobren que yo no estuve.

La relación con mi madre ha estado mucho mejor, hemos tenido dos años preciosos. Pasó una cosa muy linda. Mi hermana se fue a España, se está quedando allá, y ella era muy apegada a mi mamá. Estuvo de cumpleaños… y logré comprarle un pasaje para que fuera a verla a Europa. Fue tan bonito, hueón. Los tres lloramos… lo cuento porque mi hermana lo subió a redes sociales, lo hizo público. Y mi mamá está súper bien, se ha tomado súper bien esto de que sea candidato. Yo no sabía cómo le iba a pegar. Está súper orgullosa, entonces me han pasado cosas bonitas con ella este tiempo.

Si pudiera invitar a tres personas a un asado sería a Mick Jagger, Patricio Aylwin y mi abuelo. A Mick Jagger por varias hueás, por todo lo que ha hecho, pero pa’ saber cómo está vivo y baila a los 70 y tantos años, cómo sigue siendo lo que es. A don Pato porque… quiero saber cómo fue asumir un país con los niveles de conflictos que tenía después de la Dictadura y administrarlo bien, para escucharlo, para que me aconsejara. Y me encantaría a mi abuelo, por una gran razón: para darle las gracias. Yo no soy quien sería sin mi abuelo. Me encantaría que viera quién soy hoy en día.

Yo

Sebastián Sichel es un hombre profundamente libre. Papá ante todo. Que su familia son sus amigos de toda la vida, y alguien que siempre trata de dar lo mejor de sí donde está, en lo que le ha tocado. Si después de ser Presidente me hiciera un tatuaje, o en mi epitafio…, me gustaría que dijera «Dio todo lo que tenía que dar», un hueón que se sacó la cresta pa’ hacer lo que quería.

Publicado en La Cuarta, 25/05/21.

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