“Decir que se puede repartir más si no hay más recursos es una promesa populista”

Exministro de Desarrollo Social señala que en materia de finacimiento para las campañas “hay una asimetría entre lo que pasa en los partidos -y con los alcaldes que compiten y que están en el ejercicio de sus cargos-, y lo que nos ocurre a los independientes”.

Renovado tras nueve días en Cerro Castillo de la Patagonia, las primeras vacaciones junto a los suyos luego de tres años en que las urgencias del Ministerio de Desarrollo Social y de la presidencia de BancoEstado lo sujetaron en Santiago, Sebastián Sichel Ramírez está abocado de lleno a su precandidatura presidencial como independiente en la coalición Chile Vamos, que no ha sido precisamente un mar en calma.

A las palabras de Mario Desbordes, la carta de RN que desestimó que pueda haber libertad de acción para los militantes que pretendan apoyar a Sichel -“una vez determinado quién es el candidato del partido inmediatamente hay una obligación de apoyarlo”-, se sumaron la de Evelyn Matthei (UDI) quien sostuvo que el exministro de Desarrollo Social es el candidato de los empresarios y de los sectores que se resisten a perder sus privilegios.

Dice que espera que el día después de las primarias de ChV “podamos demostrar unidad”, lo que dependerá “de si vamos a castigar por apoyarnos entre nosotros, y si vamos a tratar de inventar caricaturas para ganar una pequeña ventajita política, poniendo en riesgo nuestra posibilidad de ser creíbles, serios y construir mayorías políticas en el futuro”.

El abogado y profesor de Derecho Constitucional, que vivió parte de su infancia en Concón, donde estudió en el colegio Maria Goretti y jugó de lateral izquierdo o centrodelantero en Concón National y Saca Chispas – “talentoso no era, pero tenía cuerpo”-, es muy crítico de la eficiencia del Estado, “que pierde y malgasta plata a raudales”, por ejemplo, “en la cantidad de programas cuyo impacto no se conoce y en que la mayoría de la plata se queda atrapada en gastos operacionales, costos de administración, etcétera”. Al punto que una de las propuestas de su programa es reducir de 23 a 17 los ministerios, lo que va a generar, calcula, “un ahorro de más de 700 mil millones de dólares”.

ASIMETRÍA ENTRE PARTIDOS Y ALCALDES E INDEPENDIENTES

– ¿Cómo marcha su campaña, que usted mismo ha dicho que se ha venido financiando de su bolsillo y de sus amigos, ya que como independiente no tiene financiamiento público?

-Hay una asimetría entre lo que pasa en los partidos -y con los alcaldes que compiten y que están en el ejercicio de sus cargos-, y lo que nos pasa a los independientes. Los partidos tienen financiamiento del Estado, algunos de ellos de más de cien millones mensuales a veces, y uno tiene que financiar esto con recursos propios, más la red de aportes que hemos ido obteniendo. Yo formé una corporación hace mucho tiempo que antes se llamaba Convergencia Liberal y ahora se llama Sumamos por Sichel donde están llegando los aportes, pero a la escala que puede tener un movimiento. Estamos desarrollando una estrategia basada en voluntarios, ya tenemos casi 3 mil inscritos y eso mejora mucho la difusión y hace más bonita la campaña. Aparte de eso, somos un equipo de tres personas que estamos trabajando fuerte, todo el día en esto.

– Usted ha reiterado que sus prioridades serían crecimiento y equidad con especial foco en la superación de la pobreza, y que es partidario de un Estado presente, un mercado basado en emprendimiento y una política social en el que el Estado hace mayores transferencias al bolsillo de las personas.

-Es una mesa de cuatro patas. La primera y más importante, un Estado presente, que haga bien su pega, porque el actual hace las cosas en forma parecida a como se hacían en los años 60 -es cosa de darse una vuelta por el Registro Civil o por el Compin-, a un ritmo y velocidad que no tienen que ver con las urgencias de las personas. Ahí es donde tenemos la principal deuda. La segunda tiene que ver con un mercado más justo basado en el emprendimiento, en miles de pymes que avancen, desarrollen sus emprendimientos y generen más competencia e innovación, capaces de evitar la concentración económica y donde el Estado cumpla el rol de regular. La tercera, el Estado tiene que avanzar en disminuir burocracia y transferir cada día más plata al bolsillo de aquellos que no les alcanza para llegar a fin de mes, a través de apoyos sociales directos. La cuarta apunta a la inclusión, ya que hay grupos que la sociedad ha ido dejando atrás, como por ejemplo mujeres, sectores de la diversidad sexual, etcétera, que van quedando postergados porque no hay una acción del Estado específica para emparejar la cancha. El Estado tiene que hacer la pega de nivelar la cancha para que nadie se vaya quedando atrás.

“LA MEJOR POLÍTICA SOCIAL ES TENER PEGA”

– La gestión del nuevo ministro de Hacienda pone el foco en la reactivación de la economía, y en mejorar el subsidio al empleo. ¿Comparte esas prioridades?

– Sí, totalmente. Este es un año bien especial. Hay un desafío de corto plazo que tiene que enfrentar este gobierno, pero que también va a ser el desafío de los primeros años del próximo, que es reactivar la economía rápidamente. No va a haber más justicia si no hay más recursos en la economía, decir que se puede repartir más cuando no hay más recursos que distribuir es una promesa populista. En lo segundo, poner foco en el subsidio al empleo, creo que no hay mejor política social que tener pega y esa pega tiene que estar acompañada de apoyo público, es decir de subsidios del Estado. Yo creo que en el corto plazo el ministro de Hacienda está poniendo los acentos donde se requiere y luchando -creo yo- contra el principal cuervo que amenaza nuestra democracia, el populismo de aquellos que dicen que se puede repartir más sin tener más, o que se puede generar política social o ingresos permanentes sin tener empleo. Con pega y crecimiento, más el apoyo del Estado, podemos avanzar, pero sin esos pilares básicos nos vamos a quedar pegados en un país cada día más pobre.

– Por ahora no se tocará el tema de las exenciones tributarias, que era una prioridad para el exministro Briones porque significan menores ingresos fiscales y generan la sensación de que existen sectores privilegiados. ¿Usted está por mantenerlas o eliminar algunas?

– En el mediano plazo tenernos que avanzar en disminuir o eliminar las exenciones y franquicias tributarias, pero cambiarlas. En Chile más bien hay grupos privilegiados que tienen exenciones o privilegios tributarios, pero no hay territorios privilegiados. Y yo creo que cada día más vamos a tener que pensar en políticas tributarias que consideren el territorio y no grupos de interés cada vez que se establecen franquicias o exenciones. Yo soy de la Región de Valparaíso, mi familia vive allá, y obviamente el régimen tributario no puede ser el mismo para alguien que quiere emprender en zonas postergadas -pienso en Petorca, en la región interior o en San Antonio- que para quien quiere hacerlo en comunas ricas, como Las Condes. Está bien lo que está haciendo el ministro Cerda, porque este no es el año para iniciar esa eliminación cuando tenemos un problema de reactivación y crecimiento. La prioridad tiene que ser una. Pero también los políticos tenemos que pensar en el mediano plazo y en cómo en los próximos dos o tres años sí vamos a tener que ir avanzando en eliminar exenciones y franquicias por grupos y avanzar cada día más en franquicias para que los territorios se desarrollen de manera integral en el país.

LA CRISIS SOCIAL Y LA VIOLENCIA

– A casi un año y medio del 18 de octubre, ¿qué lectura hace de la crisis social y de violencia que se apoderó del país?

-Creo que esta crisis tiene dos dimensiones al menos. Una, que es la crisis de violencia, que tiene que ser atacada con orden público urgentemente, y dos, la especie de silencio o empatía que generó esta crisis provocada por la violencia en muchos chilenos que sienten que viven en un país injusto, que los políticos no hemos puesto en prioridad esas necesidades de urgencia y que dicen “bueno, si esto es, que así sea, porque así nos escuchan”. A mí me preocupa mucho más eso, porque ahí veo una lectura obvia que es que no los escuchamos y no hemos puesto la agenda social como prioridad política de la actividad pública. Por eso, para mí la experiencia de haber estado ahí como ministro de Desarrollo Social fue vital, porque me di cuenta de que finalmente el gran reclamo colectivo era hasta dónde la pega que hacíamos como Estado ponía en prioridad a las personas y no a la misma política o a la discusión macro de la política.

-¿y se ha avanzado lo suficiente para resolver la crisis social?

– Yo creo que se ha avanzado, ha habido un sentido de urgencia distinto, eso ha significado transferencias directas, mayor gasto social etcétera. ¿Es suficiente? Por supuesto que no, nunca va a ser suficiente en un país en que la mitad de los chilenos viven con menos de 400 lucas mensuales. Por eso yo hablaba de los cuatro pilares. Mientras el Estado no haga más transferencias, no mejore su gestión ni el gasto público, mientras no seamos capaces de poner en urgencia los problemas de las personas, no vamos a ser creíbles para los ciudadanos. Pocas veces hablamos de cómo, en lo cotidiano, la política es capaz de cambiar la vida de las personas a través de la gestión que hace Estado. La peor respuesta que podemos tener es seguir conversando de lo macro y no darnos cuenta de que en esa revolución de lo cotidiano, de la demanda social, del día a día de los chilenos, hay una demanda de que hagamos bien nuestro trabajo.

“Espero que después del 5 de julio podamos demostrar unidad. Hay dos cosas vitales para eso: si vamos a castigar por apoyarnos entre nosotros, y si vamos a inventar caricaturas para ganar una ventajita política, poniendo en riesgo nuestra posibilidad de ser creíbles, serios y construir mayorías”.

– ¿Cuál es su reflexión sobre la quema del furgón de Carabineros por sujetos que les arrojaron molotov al interior? ¿Y la escalada de violencia en La Araucanía?

– Primero, el estado de derecho tiene que defenderse a toda costa por moros y cristianos, el solo pensar que en eso hay algo de “idealismo” es una brutalidad. No solo tenemos que condenar los hechos sino aplicar todo el rigor de la ley. Si vivimos en una sociedad que llegue a aceptar que es viable quemar o golpear a la autoridad pública o quemar monumentos o estructura pública, lo que estamos haciendo es de una irresponsabilidad profunda porque estamos minando las bases de la democracia, que es el respeto al orden, a la autoridad y a las normas legales. Por eso a mí me espanta cuando parlamentarios promueven leyes como indultos o tratan de justificar el ejercicio de violencia contra la autoridad. Todos aquellos que creemos en la democracia sabemos que lo mínimo es respetar las reglas del estado de derecho o si no finalmente se acaba la democracia. Lo mismo pasa en La Araucanía y no hay que confundir esto o tratar de disfrazarlo de asuntos ideológicos, intelectuales o demandas sociales, porque cuando hay violencia lo que tenemos no es demanda social, lo que hay finalmente es no respeto a la democracia, que es la regla de convivencia común que tenemos todos.

-En otro aspecto, el plan del Gobierno para la supervivencia del turismo incluye apoyos por $180 mil millones, pero los operadores, sobre todo las pymes, que han estado cerrados buena parte de la pandemia, piden una exención temporal de contribuciones. ¿Usted se lo concedería?

-Yo tuve el tremendo privilegio de que mi primera pega fue trabajar en el Sernatur y en el sector turismo, y ser parte de los redactores de la ley del sector. Hay que entender que en esta crisis cualquier recaudación fiscal de quienes tienen paralizada su actividad productiva debería ser cero. Es ridículo pedirle a alguien a quien le contrajimos la demanda, no por su culpa, sino por decisiones de la autoridad, que pague, cumpla o esté sujeto a contribuciones. Pero esto no puede ser una política universal, tiene que ser aplicado de acuerdo a las características del territorio donde la actividad se suspendió. Probablemente la forma más eficaz es transferir subsidios directos que suplementen lo que no se puede pagar en contribuciones.

¿LIBERTAD O PROHIBICION PARA APOYAR?

– ¿Hay humo blanco en la petición de que RN no sancione a los militantes que lo apoyen a usted o sigue viendo “signos de cierta exclusión” en Chile Vamos, ya que Desbordes fue enfático al declarar que “Sebastián Sichel no es el candidato de RN”?

-Yo soy candidato independiente y me encantaría que los independientes pudiéramos competir en igualdad de condiciones en una primaria de la misma coalición, que se supone representa el mismo proyecto político. Eso significa que podamos apoyarnos mutuamente y que la gente de los partidos que quiera respaldarnos lo pueda hacer. Sería paradójico que después del 5 de julio todos saliéramos apoyándonos, pero que antes hubiera estado prohibido. Eso sería ridículo para nosotros, pero también para los ciudadanos, no nos creerían jamás que somos parte del mismo proyecto político. Ojalá fuéramos libres de apoyarnos entendiendo que el independiente es alguien que no tiene partido, por lo tanto cualquiera es libre de apoyarlo. Y que avanzáramos también en partidos que, más que ver la política como un asunto militar, la vieran como un asunto de creencias, principios, valores y de participación democrática, más dentro de una coalición. Hay que demostrar sentido de unidad si queremos garantizarle gobernabilidad del país y eso implica no sancionar, implica también respetar la libertad de apoyo y un respeto entre nosotros respecto al trato que nos damos como candidatos.

– Usted declaró que espera que “demostremos que Evelyn, Joaquín, Mario, Ignacio y yo somos de un mismo equipo”. ¿Cree que se puede lograr tras las declaraciones de Matthei en el sentido que usted es el candidato de los empresarios y de los sectores que no quieren perder privilegios?

-Me encantaría que fuera así, que nos demostráramos como una coalición, que no tuviera una especie de vicio oculto que existe históricamente en las coaliciones, pero particularmente de la centro-derecha, de dedicarse más a atacar al competidor con argumentos absurdos como esos, que demostrar un proyecto país, que es lo que esperan los chilenos, y no el ataque continuo entre nosotros.

Pero hay candidatos que históricamente se han ido instalando de esa forma, atacando a otros, destruyendo a otros. No es mi estilo ni mi forma. Espero que después del 5 de julio podamos demostrar unidad, pero eso va a tener mucho que ver con el camino que recorramos en conjunto. Y hay dos cosas que son vitales para eso: si vamos a castigar por apoyarnos entre nosotros, y si vamos a tratar de inventar caricaturas para ganar una pequeña ventajita política, poniendo en riesgo nuestra posibilidad de ser creíbles, serios y construir mayorías políticas en el futuro. Lo más absurdo a esta altura, siendo quien soy, con mi historia, de donde vengo en política, es armar caricaturas ridículas como las que se armaron, pero eso demuestra que muchas veces la oportunidad del momento político hace que algunos olviden el horizonte que es básicamente darle gobernabilidad a Chile y dar muestras finalmente de nuestra capacidad de trabajar en conjunto.

“Creo que se ha avanzado en la solución de la crisis social. Ha habido un sentido de urgencia distinto, transferencias directas, mayor gasto social. ¿Es suficiente? Por supuesto que no es suficiente, nunca va a ser suficiente en un país en que la mitad de los chilenos viven con menos de 400 lucas mensuales”.
CONTINUIDAD Y CAMBIO, EXPECTATIVAS EN TORNO AL PROCESO CONSTITUYENTE

– ¿Usted qué espera del proceso constituyente?

– Yo soy profesor de derecho constitucional, lo he sido durante 6 ó 7 años, hice un magíster en esa especialidad, estaba estudiando un doctorado y tengo una obsesión con las constituciones. Las constituciones tienen una razón de ser principal, que es proteger a los ciudadanos frente al abuso de poder. Entonces, uno espera que esta Constitución siga defendiendo ante todo al ciudadano frente al abuso del poder, que tiene dos dimensiones. Una es el abuso del privilegio, que es aquel que pisotea al otro porque tiene una posición cultural, social o económica superior, y por lo tanto la Constitución lo que hace es entregarnos herramientas para defendernos de ese abuso, como recursos de protección, el Estado al servicio de la persona, etcétera. Y dos, que efectivamente nos permita acceder a nuevos derechos que no estaban pensados cuando se promulgó la Constitución del 80. Uno de ellos es vivir en un medio ambiente sustentable y libre de contaminación, otro es el derecho a los alimentos de aquellos niños que viven sin pensión, que su padre ni nadie les paga finalmente el derecho a alimentos que garantiza la Constitución. El tercero es el acceso a la defensa jurídica con un abogado y no con un practicante en derecho como lo hace la Constitución. Y cuatro, derecho a la vivienda consagrado en la Constitución. Y espero algo que es más de fondo: continuidad y cambio. Los países se construyen bien en la medida que preservan lo bueno -y la Constitución del 80 tiene aspectos buenos-, y son capaces de evolucionar y reformarse de acuerdo a lo que se tiene que cambiar, y que no cometamos el error de querer construir un país de nuevo cuando podemos construir sobre lo bueno que hemos hecho hasta ahora.

Publicada en El Mercurio de Valparaíso, 21/02/2021.

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